miércoles, 28 de diciembre de 2016

Canción triste de Park Street.


 Érase una vez un padre que se disponía a salir de casa una plácida mañana de sábado, bueno dispuesto estaba pero por unas cosas o por otras al final acabó saliendo a media mañana y con las cosas por hacer, algo típico cuando se dispone uno a hacer planes con un niño pequeño. No obstante le puso buena cara a la situación y salieron cantando de casa y despidiéndose de mamá con un beso y un adiós, la pobre estaba malita y prefería quedarse descansando para recuperarse lo antes posible.

 Así pues, aquel señor padre con su hijo montado en su triciclo-moto que tanto le gustaba a ambos, equipado con el kit de supervivencia básico (pañales-toallitas-agua) se dirigía al estrambótico paseo hasta el parque cercano a su casa. El viaje en este vehículo es sencillo y ameno pese a los baches y trampas dignos de cualquier ciudad, además ambos iban deleitándose con cada coche, con cada perro, con cada pipi que por su camino se encontraban, admirándolos, diciendo su color o imitando su sonido característico.

 Divisando el parque de lejos el peque se empieza a motivar, una sonrisa picarona aparece en su cara, "papa" suelta por su boquita y señala el parque, "¡anda mira! el parque, ¿quieres ir a jugar?" "issssssi" "muy bien, vamos para allá, pero un ratito que luego tenemos que ir a comer...". Aparca la moto a un lado de la zona de juegos, donde no moleste y esté al alcance y/o vista, suelta a la criatura y valora todos los peligros de las proximidades.

 El padre observa en la distancia, ni cerca ni lejos, siempre atento por si el peque le necesita o por si hace alguna cosa que no debe o, si hace falta, jugar juntos. Su hijo está en esa etapa en la que quiere hacer cosas solo y no quiere que le ayuden pero que tampoco se vayan muy lejos, le da confianza que su padre esté a la vista, no obstante éste a veces está a su lado, también le apetece disfrutar de esos momentos que sabe que van pasando y nunca volverán, le apetece paladearlos y retenerlos el máximo tiempo posible.

 Tras un determinado tiempo el hijo se sienta a jugar con otros niños que por allí campan, el padre observa a su alrededor, todos los padres están sentados o mirando el móvil o en alguna conversación super interesante y no se percatan de que aquel niño se ha comido una piedra o de que el otro le ha metido con una pala en la cabeza a la amiga de al lado. "Son cosas de críos" piensa el padre que busca el banco más cercano para posar sus posaderas y reposar sus ajetreadas piernas, lo localiza, lo visualiza, calcula la distancia, la valora y se dirige hacia él. ¡Éxito! ha llegado, se dispone a sentarse pero antes una mirada a su vástago por si acaso...

 ¡Arena! Resulta que tiene un puñado de arena en la mano y se dispone a tirárselo a la niña pequeña que está a su lado ¡corre! Pero llega tarde "hijo, eso no se hace, la arena al cubo o al agujero", el pequeño lo entiende y se pone a llenar el cubo, la niña no ha dicho ni mú y ningún padre se ha meneado lo más mínimo. Tras unos segundo de observar que todo va bien, vuelve al banco, se sienta, observa y... ¡Palazo! Su hijo ha recibido un palazo del niño que tiene en frente el cual se ríe y le va a soltar otro ¡corre! Pero llega tarde... dos palazos, el señor fatigado le dice al otro niño que así no hay que jugar y separa un poco a su hijo, ningún padre se meneado lo más mínimo...

 Tras observar unos segundos que todo está en orden, mira al banco, se dirige hacia el pero ¡un niño está a punto de caerse de unas escaleras! Ufff, ha llegado a tiempo, afortunadamente eran tres escaleras y llegaba con el brazo pero... ¡menudo susto! Ningún padre se ha meneado lo más mínimo. El hombre vuelve a mirar al banco, mira de nuevo la zona de juegos, mira al banco... Las posaderas tendrán que esperar al sofá de casa, mejor se queda de pie a esa distancia prudencial, además, el niño ya se ha cansado de estar jugando con la arena y quiere montar en ese columpio que aún no controla y necesita de su ayuda. El padre sonríe feliz, de momento puede seguir disfrutando un poquito más de esas primeras veces.

1 comentario:

  1. Una historia y canción muy bonitas. Los parque deben volver como lo estaban antes. La pandemia a provocado su cierra y apertura irregular, creando cierta inestabilidad en el pequeño ocio de los niños. Donde antes siempre se encontraban a sus amigos, ahora ya no. Igualmente, siempre quedarán las grandes aceras y los triciclos para competir y divertirse.

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