lunes, 5 de septiembre de 2016

Lágrimas.


 De felicidad, cuando recibes la noticia de que vas a ser papá. De dolor, cuando recibes la noticia de que ese embarazo no va a llegar a término. De alegría, cuando de nuevo estamos embarazados esperando al nuevo retoño. De nervios, ante la incertidumbre de si todo saldrá bien esta vez. De miedo, cuando te quedas solo en una sala de dilatación sin una noticia y con las enfermeras recogiendo y haciendo la cama.

 De amor, cuando le ves por primera vez y sabes que está a salvo. De congoja, un segundo después ¿qué haces con algo tan pequeño y tan frágil tú solo? De temor, cuando apenas te dan información sobre el estado de tu mujer. De alivio, cuando te dejan pasar a verla un instante a una sala oscura y vacía.

 De sueño, ante esas primeras noches sin dormir o durmiendo mal, poco y de cualquier manera. De orgullo, tragándotelo para no ofender o decir algo que sabes que vas a lamentar. De rabia, ante tantas adversidades a las que te tienes que enfrentar y no sabes como. De satisfacción, al conseguir algo de lo que pensabas que no ibas a ser capaz.

 De frustración, cuando vas de un pediatra a otro, a urgencias, le compras esto, aquello y te vuelves loco y que no te digan que pasa o que cada uno te diga una cosa. De remordimiento, cuando te quedas solo en casa porque estás malo y para no contagiar a nadie se van a pasar la noche el peque y mamá a casa de la abuela. De arrepentimiento, cuando actúas de una manera que sabes que ha estado mal y que lo has pagado con quien no debías. De júbilo, cuando le ves das sus primeros pasos.

 De risa, con tu pareja en la cama tras un gran momento de estrés para los dos, además una risa de esas flojas por una tontería, una descarga de tensión muy necesaria. De tristeza, cuando alguien llora y tan solo puedes acompañarle en su llanto. De desconsuelo, tras algún momento en el que se te pasan pensamientos negativos por la cabeza y que hay que sacar y eliminar. De emoción, así porque sí, de pronto y sin venir a cuenta viendo una peli que, seguramente, antes de ser padre no te habría emocionado.

 Con la paternidad las lágrimas se derraman mucho más fácil y mucho más a menudo, sin duda he derramado una cantidad mucho mayor que en todos los años anteriores a ser padre y de los que tengo conciencia (porque de bebé se llora mucho).

32 comentarios:

  1. ¡¡UOOOHHHH...!! ¡¡Qué gran verdad!! Hermoso post, cavernman...

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  2. Precioso! Lágrimas de agradecimiento, por un post tan bonito y de los que salen de dentro! Gracias!

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  3. Que bonito!!! Cuando las palabras salen del corazón salen post como estos!

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    1. Muchas gracias, a veces hay que dejar hablar al corazón :)

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  4. Imposible describir tamaña verdad de otra manera. Impresionante!
    Bonito no....lo siguiente! Me he sentido identificada en cada uno de esos momentos.
    (La madre del pollo)

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  5. Ains, que he eliminado el comentario sin darme cuenta. Otra vez... Vuelvo por aquí, después de un tiempo y me vuelves a demostrar que tu blog es uno de los que más me llegan, me ha encantado! un beso!

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    1. Si es que blogger, como es con los comentarios...
      Muchas gracias, me alegro que me sigas leyendo. Otro beso!

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  6. Simplemente genial, de lo mejor que he leído!! ;)

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  7. Tan pocas palabras y tan bien elegidas todas! Un abrazo

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    1. Siempre he sido así, de pocas palabras :)
      Un abrazo y gracias.

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  8. Simplente genial. Uno de esos días tontos y leerte me ha venido estupendo

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    1. Pues me alegro mucho de haberte subido el ánimo.
      Gracias!

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  9. :'). Emoción a flor de piel Papá Cavernícola.

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    1. Muchas gracias, el principio lo escribí emocionado...

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