jueves, 14 de marzo de 2019

[Ocio en familia] Cine - El libro de la selva vs Mowgli

Imagen de cabecera con el título sobre fondo negro con ojos de pantera

 En esta ocasión no voy a reseñar una película sino que más bien voy a hacer una pequeña comparativa de dos películas que cuentan la misma historia, la adaptación de El libro de la selva de Rudyard Kipling. Dos películas que se estrenaron con un par de años de diferencia para enfrentar a dos casas clásicas como Disney y Warner Bros.

Pequeñas fichas

Póster de la película El libro de la selva

  • Nombre: El libro de la selva
  • Duración: 105 minutos
  • Dirección: Jon Favreau
  • Género: Aventuras
  • Calificación de edad: Todos los públicos
  • Productora: Disney
  • Año: 2016
  • Actualmente en ninguna plataforma



Póster de la película Mowgli, la leyenda de la selva

Nombre: Mowgli, la leyenda de la selva
Duración: 104 minutos
Dirección: Andy Serkis
Género: Aventuras
Calificación de edad: +13 años
Productora: Warner Bros
Año: 2018
Actualmente se encuentra en Netflix




Comparando las películas


 Cómo he comentado antes ambas películas cuentan la misma historia y las diferencias, en cuanto a este aspecto no son muy grandes, aunque sí que las hay en otros, empezando, por ejemplo, con la calificación de edad. La película de Disney es para todos los públicos y la de Warner es para mayores de 13.

 El libro de la selva es más una traslación de la propia película de Disney de animación de los años 70, con un actor de carne y hueso y técnicas modernas de efectos visuales y captura de movimiento. Por lo tanto podremos encontrar alguna de las famosas canciones como "Busca lo más vital" o "Quiero ser como tú", además de ver una historia más "blanca", en la que, efectivamente, pasan algunas desgracias, estamos en la jungla rodeados de mogollón de animales peligrosos, pero en ningún momento aparecen imágenes turbias ni demasiada sangre.

 Con Mowgli, la leyenda de la selva pasa lo contrario, nos olvidamos de las canciones y nos encontramos ante una peli oscura, en la que en la mayoría de los momentos hay tensión y escenas de "miedo". Mowgli (el personaje) va sufriendo heridas de manera más sangrienta y visual, se olvida de la parte noble y divertida de la historia para centrarse en los problemas y conflictos. Así mismo cuenta un poco más de la relación con los humanos cuando es capturado y, por otra parte, los efectos no están tan logrados haciendo que, pese a ser posterior en cuanto a estreno, parezca más vieja que la peli de Disney.

Imagen de la película El libro de la selva
Mogwli con Bagheera, Baloo y Raksha en "El libro de la selva"

Conclusión


 Si tuviera que elegir entre ambas películas sin restricción de edad me quedaría con El libro de la selva ya que está mejor "hecha", los efectos y la interacción entre el personaje humano y los animados es muy buena, tiene partes divertidas y partes no tan divertidas pero en ningún momento cae en la oscuridad excesiva de Mowgli, la leyenda de la selva. Las canciones, además, son un plus ya que, aunque no son aquellas versiones de nuestra niñez sí que son unas adaptaciones que se dejan escuchar y no están cogidas con pinzas en el contexto de la historia.

 No se cuál fue la estrategia de Warner a la hora de realizar la adaptación de la misma historia dos años después, no se si se les retrasó y Disney les pasó por la derecha o que quisieron darle un toque más adulto pero no llega a funcionar. Quizá en el rango de los adolescentes que en esa etapa quieren huir de algo "infantil" y explorar una peli más adulta pueda funcionar, pero ahí los efectos también juegan en su contra y no llegas a creerte del todo la interacción entre humano y animación.

 A "El Libro de la selva" le doy un 7/10 y a "Mowgli, la leyenda de la selva" le doy un 5/10.

Imagen de la película Mowgli, la leyenda de la selva
Baloo y Mowgli en "Mogwli, la leyenda de la selva"

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miércoles, 27 de febrero de 2019

Los papás hablan. La historia de K

Imagen de cabecera con el título de la entrada

 Una cosa que siempre quise hacer con el blog era dar voz a otros padres, padres a los que quizá no les apetecía abrirse un blog y contar sus historias, o preferían mantenerse en el anonimato y publicar aquí sus historias de forma anónima. En definitiva, poner mi blog a disposición de cualquiera que quisiera contar algo y que sirva a otro fin, así seguir dando visibilidad a la paternidad y a otras vivencias que yo no he pasado.

 Estos post no tendrán mi formato habitual, respetaré la escritura y estilo de quien quiera pasarse por aquí, así que espero que te animes a contactarme para contar tu historia. Todos tenemos algo que contar.

 Tras varias invitaciones a amigos y conocidos al final me llegó el ofrecimiento por parte del que hoy ya es un amigo, el redactor jefe de El Cornetín de GóndorK quiere contar su historia y hoy empezamos por el principio, por la primera parte.


El coste de ser padre. La historia de K.

¿Por qué hago esto?


 Me ha costado arrancar a escribir sobre un tema demasiado amplio como para tener nombre, una historia que va desde los problemas para tener un hijo hasta encontrarse siendo padre con 40.

 Lo primero ha sido saber por qué quiero o tengo la necesidad de escribir sobre ello. “¿Por qué te lanzas a escribir ahora sobre todo el proceso de tener a M? ¿Qué necesidad hay?” – me preguntaba mientras empujaba el carrito en el paseo de la tarde. "¿Por qué estas pensando en ello K?" "Porque tienes una historia que contar, chico".

 Realmente es un conjunto de cosas lo que me empuja a plasmar todas mis vivencias en estos últimos… ¿3? ¿4? ¿5? años para que M estuviera entre nosotros. Escribir, además, sirve para organizar ideas, dando forma y sentido a todo lo vivido. Teniendo un buen amigo con un blog de paternidad como Karim, no dude en preguntarle si le interesaba que hablara del tema. Karim no tardó un segundo en decirme que sí y orientarme en ello. Por respeto a la gente cercana que sale en ésta historia y a mi pareja (que no comparte conmigo el mundo blogging) me referiré a ellos por su inicial.


¿Ser padre con 40? Nunca es un buen momento para ser padre


 Yo no elegí ser padre con casi 40, es más, me parece toda una aventura. Sé que siempre he querido serlo, aunque la verdad, no pensaba mucho en ello. “Ya vendrán” era, posiblemente, el pensamiento que más rondaba por mi cabeza, no había una búsqueda activa. Pero las circunstancias y la cruda realidad se imponen.

 De pronto tus familiares, compañeros, amigos, conocidos e incluso vecinos comienzan a tener hijos. Las primeras señales de alarma se encienden. “P y A han tenido a su segunda hija” “Tu prima R ha tenido dos gemelas preciosas”. Instantáneamente un mecanismo en tu cabeza, algo polvoriento, comienza a girar y formula la siguiente pregunta “¿Qué pasa contigo?

 Aclaremos algo antes de seguir: sí, yo sí quería ser padre, L tenía claro que podía vivir sin ello. Sus circunstancias personales, que no comentaré aquí, la llevaron a dejarlo en un segundo plano. Es por eso que esa pregunta no resonaba tanto en su cabeza como en la mía, en la que comenzaba a hacer un ruido ensordecedor.

 Entended, también, que no estábamos esperando el momento: un mejor sueldo, mejores trabajos o el año del dragón según el horóscopo chino, porque, como decía Mónica Geller: “Nunca es un buen momento para ser padre”. La vida nos llevó a una situación en la que nos vimos obligados a plantearnos seriamente cosas que antes no pensamos que sucederían.

 Lo primero era saber por qué estábamos así. “¿Quién o qué era el culpable?” “Nadie en particular”. Así de claro. Y es que la respuesta vino por parte de una buena amiga, D: “Las parejas fértiles cada vez dejan para más adelante la decisión de tener hijos. Piensan que siempre hay tiempo y no se dan cuenta de que no es así. Pero de esto nadie es culpable, es sólo desinformación básica de nuestros cuerpos”.

 Tenía razón. Yo no quería ser padre a los 40 pero si quería ser padre no me quedaba otra, y os puedo asegurar que el camino que emprendimos no fue, para nada, fácil.


 Hasta aquí la primera parte, próximamente más...
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miércoles, 20 de febrero de 2019

Comiendo huevos. El comedor

Imagen de cabecera con el título de la entrada

 Hay que ser justo y reconocer las cosas cuando salen bien... aunque no fue así desde el inicio.

 Todo se remonta a hace más de un año ya, cuando el peque comenzó el cole, todo empezó con la famosa frase de "vamos a apuntarle al comedor a ver si así...", pero nada de nada, llegaba la hora de comer y seguía siendo un sufrimiento. En el comedor, aquella primera vez, duró un mes porque para que no comiera allí pues que no lo hiciera en casa, que por lo menos sabíamos qué comía y cuánto y no tenía que sufrir nadie más que nosotros, que somos sus padres y los que tenemos que sufrirlo.

 Meses después, en esta ocasión por necesidad de horarios, le volvimos a apuntar al comedor. Recuerdo que el primer día la encargada de los peques en el comedor nos dijo que al volver a verle había temblado "otra vez el Pequeño Cavernícola por aquí, madre mía...", pero nada más lejos de la realidad, comió estupendamente.

 - Bueno, vamos a esperar, que la otra vez los tres primeros días también comió fenomenal y de todo, no brindemos aún.

 Pero esta vez todo fue diferente, la cosa dio resultado, y menos mal, porque siendo por necesidades de conciliación no podía ser de otra manera. Así que, de nuevo, tuve que comerme mis palabras, me tocó comer huevos. Pasaron tres días, pasó la semana, el mes y el curso y el peque acabó comiendo de todo, ayudado por la monitora porque él va a su ritmo y se distrae con una mosca, pero la cuestión es que comía de todo.

 El verano fue un poquito de retroceso, aunque hacía todas las comidas sin problemas no comía de todo, y no hablemos de fruta o verdura. Nos lo tomamos con filosofía y ¿sabes? creo que algo tenía que ver la trona en la que comía en casa, quizá la asociara a algún mal recuerdo porque en cuanto empezó a comer en la silla y la mesa no había problema.

 Después del verano, este mismo curso, comenzó de nuevo en el comedor, nuestros horarios siguen siendo los mismo, pero lo bueno es que ya no sólo come de todo allí, es que ahora entre sus alimentos favoritos en casa hay frutas: las fresas, la sandía, las uvas... Y se le nota un montón, ya no es el tirillas que era, ya ha pasado la barrera de los 13 kilos en los que ha estado durante más de un año.
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miércoles, 13 de febrero de 2019

[Ocio en familia] Juego de mesa - Da ist der Wurm drin

Imagen de cabecera con el título de la entrada

 Cuando me embarqué en la tarea de encargarme de la zona de juegos de mesa infantiles premiados con un Kinderspiel des Jahres (Juego de mesa infantil del año), en el evento organizado por Generación X Alcalá llamado SpieldesjahresTAG, tuve la oportunidad de tener en casa mogollón de juegos y, claro está, jugarlos con el Pequeño Cavernícola. Hoy vamos con uno que gustó mucho tanto en casa como en las jornadas.

Pequeña ficha


Imagen de la caja del juego de mesa Da ist der wurm drim
  • Nombre: Da ist der Wurm drin
  • Editorial: Zoch Spiele
  • Edades: En la caja pone 4 años pero con 3 funciona ;)
  • Número de jugadores: De 2 a 4 jugadores
  • Duración: Entre 15 y 20 minutos
  • Puedes comprarlo en Amazon aquí, en tiendas no lo he visto.




El Juego


 Da ist der Wurm drim es un juego competitivo en el que tendremos que hacer crecer nuestros gusanos y ser el primero en llegar al otro lado del jardín, es decir, estamos ante una carrera de gusanos. Lo primero que tendremos que hacer es elegir el color de la cabeza de nuestro gusano y colocarlo en el tablero a continuación de la cola de ese color, también cogeremos las losetas de apuesta, una con una fresa y otro con una margarita y las colocaremos a nuestro lado, si no usamos esta variante podemos dejarlas en la caja. 

 El tablero se coloca como cualquier tablero solo que encima lleva otro tablero más pequeño que ocultará los caminos por los que los gusanos van avanzando, así no sabremos quién va en cabeza. Luego colocamos las diferentes losetas alrededor del tablero agrupadas por tamaño o color y el dado cerca para lanzarlo, el dado en cada cara tiene un color, no es numérico.

Imagen del juego de mesa Da ist der Wurm drin  en desarrollo con el tablero montado
Los componentes y el tablero montado


 La mecánica es sencilla: en nuestro turno tiramos el dado y según el color que muestre, cogemos la loseta de ese color y la introducimos en nuestro camino de gusano para que la cabeza vaya avanzando por debajo de la tierra. Las losetas son de diferentes tamaños, hay varias medianas y también hay unas muy pequeñas, como las azules, o muy grandes, las rojas. Y así mediante tiradas de dado y haciendo crecer a nuestro gusano, ganará el primer gusano que asome la cabeza por el otro extremo.

 Por último podemos añadir la variante de las losetas de apuesta que le dan un toque más de diversión aunque también de frustración si no aciertas. En el tablero superior hay dos ranuras por las que aparecerán nuestros gusanos según vayan creciendo, la primera ranura tiene margaritas y la segunda fresas, lo único que tenemos que hacer es poner nuestra loseta del tipo correspondiente sobre la casilla del gusano que creemos que va a aparecer antes por la ranura en cuestión. Si conseguimos acertar añadimos la loseta a nuestro gusano, que no al que haya aparecido por la ranura necesariamente, gratuitamente y hacemos que crezca un poco más.

Partida en desarrollo, parece que el gusano rojo va en cabeza


Conclusión


 Que Da ist der Wurm drin tenga el premio del Juego de mesa infantil del año en 2011 dice mucho de él, este premio es una buena referencia para este tipo de juegos y seguro que aciertas comprando un juego con el sellito Kinderspiel des Jahres

El sello del Mejor juego de
mesa Infantil del año
 Es un juego de mesa muy divertido ya que el no ver por donde va cada gusano e ir metiendo losetas para que crezca es emocionante. Tiene dependencia del azar, ya que dependes de lo que salga en el dado, pero si se juega con la variante de la apuesta se compensa un poco la mala suerte que podamos tener los mancos con los dados. Los componentes son de cartón duro, resistentes y duraderos, y las ilustraciones, sin ser una maravilla, son graciosas.

 Por contra, no es un juego barato, ronda los 35€, y además no está en castellano ni editado en nuestro país. Se puede pedir en Amazon y, seguramente, en alguna tienda online o con juegos de importación. Si necesitas reglas traducidas puedes descargarlas aquí.

 ¿Lo recomiendo? Sí, a pesar de su precio creo que es una buena inversión y pueden jugar desde bien pequeños y hasta un rango alto de edad, con primos, hermanos, amigos y, por supuesto, con nosotros ;), con lo que le da mucha vida al juego.



 En ésta ocasión el juego no es mío y, aunque lo jugamos mucho en casa, no le hice fotos o estaban mal enfocadas, por lo tanto he tenido que coger fotos de la BGG y Amazon para ilustrar éste artículo.
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miércoles, 30 de enero de 2019

Juega o muere

Imagen de cabecera con el título "Juega o muere"

 No me reconozco. Quizá llevado por el estrés laboral, por el cúmulo de los quehaceres diarios y vaya usted a saber llegaba el finde y estaba alicaído, sin ganas de hacer nada, sentarme en el sofá o dar un paseo sin otra intención más que la de tomar el aire. Con lo que yo era, que siempre me miraban raro...

 Este finde se daba esa situación, el Pequeño Cavernícola, montado en su nuevo y flamante coche rojo, conducía por una plaza amplia, llegado el momento nos quedamos parados en un sitio céntrico, desde donde contemplábamos, sonreíamos y comentábamos: "cómo controla, le ha cogido el truco en unos minutos", la Mamá Moderna y yo.

 Al final, tras un buen rato, se baja, le apetece jugar a otras cosas. Ahora deja volar su imaginación y, flipado con los superhéroes, con los cazafantasmas y los dinosaurios, se inventa sus historias y recrea escenas imaginarias en su cabeza. Me quedo observando y recordando que eso mismo hacía yo, supongo que todos lo hacíamos de pequeño.

 Yo recuerdo que iba por la calle imaginando que estaba en un videojuego: disparaba a la gente, en las alcantarillas cambiaba de armas o recogía munición, en las señales ganaba vida, etc... Esos tiempos quedaron atrás, crecemos y en algún momento esa fantasía deja de existir, o no dejamos que salga.

 Al cabo de otro rato se acerca y me pregunta si jugamos al pilla-pilla y yo, cansado de nada, cansado de todo, cansado de la vida misma, le digo que no.

 Pero algo dentro de mi hace click!, si no aprovecho estos momentos ya no es que tarde o temprano pasarán, es que seguiré metido en mi día a día, desganado, estresado, enfadado... Así que me acerco a hijo y... "¡pillado!". De pronto la plaza deja paso a un padre y su hijo corriendo uno detrás de otro. Minutos después se llena de escondites, esos que para él son superdifíciles de encontrar aunque se le vea medio cuerpo por debajo de un banco o por detrás de una columna. Yo le imito y mis escondites son igual de ingeniosos, para espías no vamos, pero lo pasamos genial.

 Para terminar el peque le pregunta a la Mamá Moderna si sabe jugar al escondite inglés, nos miramos y en unos segundos mogollón de recuerdos nos asaltan.

 Esa tarde se pudo ver en medio de una plaza, en la puerta de un centro comercial, a dos adultos y un niño haciendo estatuas, recordando momentos de niño, jugando al escondite inglés. O quizá sólo intentábamos escapar al día a día, escapar de la maldita rutina.

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miércoles, 16 de enero de 2019

[Ocio en familia] Juego de mesa - Little fox, médico de animales

Imagen de cabecera con el título del post

 Uno de los juegos que cayeron estas navidades fue este que voy a reseñar hoy, un juego pequeñito y muy barato, lo añadí a un pedido y aunque no es una maravilla tiene algunas cosas a su favor. Vamos con la reseña.

Pequeña ficha

Foto de la caja de juego


  • Nombre: Kleiner Fuchs Tierarzt
  • Editorial: Haba
  • Edades: Desde 4 años
  • Número de jugadores: De 2 a 4 jugadores
  • Duración: 10 minutillos máximo
  • Lo puedes comprar en Amazon (en tiendas no lo he visto).



El juego

 De nuevo estamos ante un juego competitivo en el que el objetivo es ser el primero en atender a 5 animales diferentes. Como habrás podido adivinar seremos unos zorros médicos, todos el mismo pero de colores diferentes, los marcamos por una loseta que pondremos frente a nosotros. Los componentes de este juego son de una calidad media, tenemos por un lado unos troqueles de cartón con las losetas de los animales a curar, que son gruesas para que duren y las ilustraciones muy chulas, hay seis tipos diferentes de animales y cinco losetas por cada tipo; y por otro lado los dados, que parecen algo frágiles y no pesan nada, junto con unos adhesivos para pegar las caras de cada dado.

 La preparación del juego es bien simple, cogeremos todas las losetas de los pacientes (animales enfermitos), las mezclamos y las ponemos repartidas en tres montones iguales en el centro de la mesa, con la cara de los animales y los medicamentos que necesita visibles (hacia arriba). Cogemos nuestro zorro con el color que queramos y dejamos los tres dados al alcance de todos.

Foto del juego desplegado
Partida en curso, el rojo ya ha curado al conejo

 El juego se desarrolla en turnos, en nuestro turno tiraremos los tres dados para conseguir los símbolos de una de las tres losetas de animal visibles, podremos realizar dos repeticiones y guardar los dados que creamos conveniente o relanzarlos más adelante, es decir, si tenemos un símbolo que está en más de un animal es bueno guardárselo y ver que sale en una siguiente tirada. En el caso de que con la primera o segunda tirada ya pudieras curar a un animal no hace falta seguir tirando.

 Tras las tres tiradas pueden pasar dos cosas:
  • ¡Hemos sacado los símbolos de un animal! Bien, cogemos la ficha de paciente, le damos la vuelta y la colocamos junto a nuestra ficha de veterinario, con esto, además, quedará a la vista un nuevo animal para curar en la pila del centro de la mesa. Este tipo de animal ya no podremos volver a curarlo, por eso nos lo guardamos en frente. Algunos animales sólo necesitan dos medicamentos y otros tres.
  • No lo hemos conseguido. Pobrecitos, los animales siguen esperando en el centro a que el siguiente médico pueda curarlos.
 Para terminar hay que mencionar que los dados tienen un medicamento diferente en cada una de sus caras y un comodín, representado por una estrella. Por último, en el caso de que ya hubieras curado a todos los animales que hay a la vista en los montones del centro de la mesa podrás coger una de esas fichas y colocarla en otro montón para ver el siguiente animal, y en el caso de que todos lo jugadores ya hayáis tratado a uno de esos tipos de animales podéis retirarlos del juego para agilizar la partida.

 Con esto el juego termina cuando un jugador haya curado a cinco tipos de animales diferentes (hay seis tipos diferentes y cinco losetas por cada uno), ganando así la partida.

Foto de las losetas de animales
Todos los tipos de animales, las ilustraciones son muy chulas


Conclusión

 Little Fox, médico de animales es un juego demasiado dependiente del azar, a los adultos no nos ofrece gran cosa más allá de pasar un buen rato con nuestros hijos, y a ellos tampoco les ofrecerá mayor desafío, a no ser que les gusten mucho los dados xd. Por otro lado la caja es muy pequeña, de momento la más pequeña de los juegos que llevo reseñados, así que es fácil de transportar, las reglas son fáciles y es muy barato, de vez en cuando sale oferta a 4€.

 ¿Lo recomiendo? Pues si lo encuentras a ese precio en el momento de rellenar un pedido en la tienda indicada más arriba sí, pero si no, hay juegos parecidos y mejores en el mercado.
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miércoles, 9 de enero de 2019

Crónica de un suceso inesperado


 Un día de navidad cualquiera tras trece horas de trabajo por la carga de éste en dicho periodo festivo llegaba yo a casa. Por el camino, en el tren, iba pensando en todo lo que me perdía en esos últimos días de cole, acostumbrado a recoger al peque a la salida y compartir unos pequeños momentos, en que quizá últimamente no me implicaba tanto en mi paternidad como hace unos años, cuando el Pequeño Cavernícola era más pequeño y me necesitaba más, en cómo pasa el tiempo y en cómo crece.

 Con un regusto de nostalgia, de culpabilidad, de tristeza, de pesar, me bajaba del tren y recorría el corto trayecto cuesta arriba hacia casa, hacia la caverna... Por suerte era pronto aún, me quedaba un ratito para ver al peque y a la Mamá Moderna antes de que se fueran a dormir ya que se acuestan a la vez prácticamente. Pero lo que me encontré al llegar a casa no me lo esperaba.

 Nada más entrar por la puerta, tras unas milésimas de segundo apareció mi hijo corriendo por el pasillo al grito de "¡¡Papi!! ¡¡Papi!!", me abrazó fuertemente y me dio un beso. Normalmente se alegra de verme, a veces me da un beso aunque normalmente soy yo el que se acerca y se lo da, otras se esconde y otras no le apetece que yo llegue a casa. Así que me embargaba la sorpresa, me sentí emocionado, pletórico. Tuve tiempo de bañarle, ponernos el pijama, lavarle los dientes y ver un poco los dibujos juntos.

 Fue un momento maravilloso, de esos que hacen que olvides un día agotador o un día de mierda y se convierta, instantáneamente, en un día increíble que pasará a ese rincón de la memoria donde guardo los momentos mágicos, ese rincón que intentaré mantener vivo con el paso del tiempo, del que guardaré la llave en el bolsillo para poder abrirlo siempre que me apetezca.

 Ha sido la primera vez, no se si vendrán más o no. Pero sé que ese momento, de otra manera, hace años, no podría haberlo vivido. Mi día habría consistido en llegar a casa igual de reventado y nada lo habría hecho mejorar tan de golpe como en esta ocasión.

 Sí, la paternidad me ha hecho no tener todo el tiempo que antes podía dedicar a mis hobbies, a mi mujer, a mis amigos... pero todo lo que paternidad me da en un segundo no lo cambiaría por nada del mundo. Jamás cambiaré ese abrazo que lo vale todo por nada del mundo.
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